A manera de un típico concierto de orquesta, comenzó ayer en la Ciudad de México el tan esperado evento del señor Michael Bublé que iluminó a toda la gente que ansiaba ver tan amado show.
Dos telones de boca en semicírculo –no común en estos eventos- cubrían lo que todos esperábamos, una orquesta de jazz que sabía interpretar cada nota musical con ahínco y perfección.
El segundo telón de boca descubrió completamente el escenario con Michael en el centro, vistiendo un traje con su típica corbata de la gira que le da el acento visual perfecto, y dialogando con nosotros, la perfecta armonía equilibrada simétricamente que sabíamos daría variaciones a lo largo de la noche.
La hermosa diferencia de este concierto, comparándolo con todos los demás parecidos en la Ciudad de México, fue la tan apreciada y admirada dirección de arte que merece una atención especial para los que nos dedicamos a criticar objetos estéticos.
El uso técnico de las luces, encendiéndolas directamente del interruptor general y no a capón, fue una gran distinción que no observamos en otros conciertos, los espectadores se mantenían interesados en la paleta de colores que cambiaba brusca o sutilmente dependiendo del tema interpretado.
La fuerza de los cromos primarios en la iluminación, constataron lo que en un principio conocíamos, mantener la atención de los asistentes por hora y media sin ningún tipo de aburrición.
“Georgia on my mind” fue interpretada y las pantallas se unieron para mostrar un diseño muy abstracto, tal vez el diseño más extraño dentro de todo el concierto, una hélice verde sobre fondo negro que rotaba y parecía no tener pies ni cabeza, pero su color era profundo y brillante, que junto con la pieza musical, permitía acceder a un momento catártico poco razonado, creo que esa fue la intención, pues el referente de tal diseño abstracto nunca fue revelado.
Momentos cumbre de diversidad visual, ocurrieron cuando Bublé interpretó “Billy Jean” de Michael Jackson –se justificaba- y las pantallas fueron colocadas en una diagonal que al verse prolongada hacia abajo, la última se elevó rompiendo con el espacio muerto que parecía devenir en la parte superior. Aquí se usó el ritmo porque en las pantallas nones se apreciaba a Michael a distancia, y en las pares mucho más cerca, por supuesto la proyección al instante ocupó un lugar importante en el diseño visual del show, un concepto que actualmente está en boga.
Excelso final utilizó el nuevo Sinatra al intepretar “A song for you” a capella, y sin micrófono, por supuesto pidió silencio para ser escuchado hasta la última fila, sobra decir la gran cantidad de aplausos que provocó tan revelador y experimental desenlace en sus espectadores.
Sin duda este concierto Bublesco ha sido de los mejores en México, tanto por la calidad de voz del cantante, como por la bella dirección de arte con que presume su Crazy Love Tour, lleno de equilibrios desequilibrados muy bien resueltos.






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